En cuanto a los retablos, son tres, el mayor y los dos laterales, todos ellos del cuarto de siglo XVIII, realizados en madera dorada y policromada. El retablo mayor se asienta sobre una predela decorada con rocallas y se eleva con cuatro columnas de orden compuesto y tres calles; las dos laterales con nichos e imágenes de San Pedro y San Pablo; la calle central con el sagrario-expositor coronado con la figura de San Miguel Arcángel, patrono de la localidad, bajo dosel; sobre las columnas citadas se eleva la cornisa con profusa decoración de espejos y florones y se remata en medio punto con casetones con trabajo de rocalla.

Los dos retablos laterales están dedicados al Santo Cristo y a la Inmaculada. El primero de ellos consta de tres calles y el cuerpo principal está reservada a la imagen del Crucificado bajo dosel, con las imágenes laterales de San Antonio Abad y la Magdalena Penitente. Los espacios se separan por columnas corintias decoradas con rocallas. En el atrio, la imagen de San Fabián. El retablo, de la Inmaculada es de traza poligonal sobre predela decorada con motivos geométricos y ménsulas con cabezas de querubines. El cuerpo principal está dividido en tres calles y un ático flanqueado con estípites y rematado por una estructura profusamente decorada. El nicho central, se dedica a la imagen de la Inmaculada y los dos laterales, a San Joaquín y a Santa Ana. En el atrio, la imagen de San Sebastián, cierra el ciclo iconográfico.


José Manuel Ramos Gordón
Tábara, a 24 de octubre de 2006.